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LA MIRADA DE ÁLVARO PINO

De Álvaro Pino se sabe con luda certeza cuándo sube y cuándo baja, negado en ello mismo el dicho proverbial del gallego sorprendido entre escalones. Quien lo dude no tiene más que preguntar a los Kelly, Millard, Fignon..., o a nuestros Perico, Marino y Pello, por poner ejemplos muy al alcance de la memoria. Cuando Pino decide subir lo hace en la verdad de su esfuerzo, alargando su propia y mínima estatura, a la hora del descenso, un palmo más allá de su sombra de gigante (de la ruta). «Estaba muy fuerte —declaró con llaneza al concluir la última etapa— y tenía que terminar venciendo.»

Pedalada a pedalada, se ha movido Álvaro Pino con la verdad al frente, para coronar su hazaña delante de todos. Llegó, vio, venció--- y convenció a sus esforzados rivales y a sus propios mentores; que ni en la salida era el hombre a temer por aquéllos, ni el campeón a divulgar por éstos en la llegada. Un «número» más en el «grueso del pelotón», sin previa vigilancia del lado de los «elegidos» y sin consideración siquiera de «lugarteniente» en los planes de su jefe. Supo, simple, llanamente, «bajar —a instancias del verso de César Vallejo— mirando para arriba y subir mirando para abajo».

El subir y el bajar ejemplifican a las mil maravillas a la par que hacen engañosa la humana orientación. A merced de su juego reciproco, y sin reparar en su condición correlativa y alternante, cree el hombre —de acuerdo con una muy sagaz advertencia de Gastón Bachelard— que las escaleras que conducen a la azotea suben y las que dan al sótano bajan. ¿V las que llevan al triunfo? Álvaro Pino le dirá a usted que ésas se forjan y suceden en el duro y seguro saber que la cúspide existe porque existe la base... y que sólo desde muy bajo, al margen de toda metáfora, se puede llegar muy arriba.

Dijerase que Álvaro Pino ha afincado todo su esfuerzo en la genuina raíz etimológica de la voz «subir», que en lengua latina surge del vínculo entre la preposición “sub” (bajo) y el verbo «iré» (ir). En la noción más estricta de “sub-ire” prepondera lo uno sobre lo otro. ¿Subir? «ir desde abajo», puesto el énfasis en el duro suelo de la base antes que en el resplandor glorioso de la cumbre. Se me dirá que es cuestión sólo de matiz. De el justamente recibe la «subida» su tensión y su auge, en sentido tanto cronológico como causal: un partir y proseguir desde abajo para llegar y llegar arriba.

¿Un nuevo ejemplar de campeón? Cuando Álvaro Pino subía al podium adquiría el buen aire del que saluda al vecindario desde el balcón de su casa, y sólo le fallaba la bufanda para encarnar el gesto de quien del sudor laboral pasa al umbrío reposo (afrontaba las cámaras tclevisuales cual si se sentase en el zaguán hogareño). Llegó, vio, venció y convenció a los campeones académicos, al cronista contumaz, al respetable público... y a la “posmodernidad” entera por no hacerle falta el «simulacro» para encajar el triunfo. ¡Nadie desde tan arriba ha acertado, me creo, a posar tan abajo la mirada!

DIARIO 16 - 19/05/1986

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