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UNA GUÍA EJEMPLAR

La guía turística es el vademécum, a catecismo del viajero. A ella se adhiere como al dictado de una verdad absoluta de ella toman rombo sus andares y en ella coteja con satisfacción la coincidencia visual entre el monumento y su reproducción fotográfica. Llega el visitante a dar más crédito a lo que en la guía se le dice que a lo que advierten, sin mediaciones, sus ojos. Si la guía menciona (cosa no improbable) un edificio inexistente, el turista de pro dedicará horas y afanes a se búsqueda, en la creencia de que no se encaminaron con tino sus pasos o de que falló de plano la propia realidad. Signo seguro de enfado reticencia para el erudito, la gula convencional suele arrancar del simple curioso un acto de fe ciega en la ciencia del «cronista local».

¿Cabe un punto de concordía entre el cronista convencional y el intransigente erudito? Que ambos sean una misma persona y cuenten, a mayor abundancia, con la anuencia del señor alcalde. Ante mis ojos tengo una gula de tan insospechadas y coincidentes «señas (como hoy se dice) de identidad», atañente su información, por si fuera poco, a una de las ciudades estolas de mayor atractivo: Ubeda. ¿Autor? Arsenio Moreno Mendoza , graduado en Filosofía y Letras, sección de Historia del Arte; premio Extraordinario de Licenciatura en 1976 y doctor «arco laude», en 1983, por la Universidad Complutense. En verdad que el saber erudito y el afán divulgador corren feliz pareja, pagina por página de esta «Guía Histórico-Artística de Ubeda» que digo y alabo con razón.

Para contar con la venia del señor alcalde sólo le hizo falta a Arsenio Moreno Mendoza un acto de reflexión, estando, como están, en sus manos las riendas de la monumental ciudad ubetense. Muy probado tiene el profesor Tierno Galván que el ejercicio de la Alcaldía no puede hallar manos mejores que las de un humanista. Si la ciudad descuella en signos histórico-artísticos, de primera magnitud, lógico igualmente parece que el bastón de mando se acomode al pulso de un historiador del arte a ser posible, en la obra de Andrés de Vandelvira, de cuyo ingeniero vieron la luz los mejores ejemplos renacentistas de Ubeda. Y sólo cuando el erudito, el especialista, el divulgador y el alcalde son una misma persona se hace factible y comprobable semejante guía.

El sustantivo «guía» procede del verbo «guiar», actualizada versión española de la arcaica voz germana «witan», que significa tanto como ir delante mostrando el camino. Es guía en sentido masculino el que desempeña tal función, cediéndose al femenino lo que de hecho correspondería al neutro y con alcance figurado: una guía es todo aquello que encamina o conduce a algo. ¿Precedente de las guías al a» y al abuso? Dejada en su tiempo y su grandeza la que fray Luis de Granada tituló «de pecadores», cabe citar la que anualmente, y hasta hace no mucho, se publicaba con nombre de «Guía de forasteros» y noticia de personajes y hechos más o menos relevantes. Infundada arrogancia llevó más tarde a sus editores a rebautizarla (¡ahí es nada!) como «Guía oficial de España».

De entonces acá las guías han proliferado hasta abarcar el anuncio del trabajo y del ocio, la información cultural y la red viaria, la geografía, la gastronomía, la historia, el arte... Y ha sido la unión de estos dos últimos términos la que ha dado lugar, a favor del turismo, a toda una profusión y confusión de guías en cuyo diario desconcierto resulta en verdad difícil atar los cabos (o las guías mis mas del bigote). ¿Una guía histórico-artística? Será aquella que tenga muy presente el primer término del binomio y ofrezca alga criterio en lo tocante al segundo: la que, con todo su empeño divulgador, se vea suscrita por la garantía (notas incluidas) de un verdadero hiatoriador del arte, y mejor si a ello agrega el bastón de alcalde... de Ubeda, por ejemplo.

DIARIO 16 - 18/11/1985

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